Los repelentes de aves electrónicos generan un entorno sonoro hostil que desalienta a las aves a posarse o anidar. Se diferencian de los visuales en que no dependen de la luz solar ni del viento, y de los físicos en que cubren volumen de aire en lugar de una superficie puntual.
Hay dos tecnologías. Los bioacústicos reproducen gritos de alarma de la propia especie y llamados de depredador, aprovechando una respuesta instintiva; son los más efectivos porque el ave interpreta una amenaza concreta. Los ultrasónicos emiten frecuencias molestas fuera del rango audible humano, con la ventaja de no generar ruido para las personas.
Los modelos bioacústicos son la opción para superficies grandes —silos, galpones, playas de estacionamiento— y muchos permiten programar horarios y alternar sonidos, lo que retrasa bastante la habituación.
Tené en cuenta que el sonido audible puede molestar a vecinos en zonas urbanas densas. En esos casos el ultrasónico o el repelente físico suelen ser más apropiados.
Envíos a todo el país.
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