Las trampas para roedores son la solución cuando ya hay ratas o ratones instalados y se necesita un resultado verificable. A diferencia de los repelentes, que empujan al animal a irse, la trampa confirma la captura y permite dimensionar cuántos había.
Hay tres tipos. Las de golpe son inmediatas y económicas. Las de captura viva permiten liberar al animal lejos del lugar, opción elegida por quienes no quieren matarlo. Las de pegamento capturan sin mecanismo, aunque requieren revisión frecuente.
La ubicación importa más que el modelo. Los roedores se desplazan pegados a las paredes y evitan los espacios abiertos: una trampa en el medio de una habitación casi nunca funciona. Colocalas contra el zócalo, con el disparador orientado hacia la pared, y en los recorridos donde encontraste marcas o excrementos.
Sobre el cebo, la manteca de maní suele dar mejores resultados que el queso, y en cantidad chica: si el animal puede llevárselo sin activar el mecanismo, la trampa no cumple su función.
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