Los repelentes ultrasónicos para murciélagos y roedores emiten frecuencias altas, inaudibles para las personas, que vuelven el ambiente incómodo para estas especies y las empujan a buscar otro refugio.
En el caso de los murciélagos hay una razón adicional para elegir este método: son animales protegidos y cumplen un rol clave en el control de insectos, así que no corresponde eliminarlos. El objetivo es que se muden, no que mueran. Los ultrasónicos interfieren con su sistema de ecolocalización, que es como se orientan, volviendo el lugar poco apto para habitarlo.
Tres condiciones para que funcione: el ultrasonido no atraviesa paredes ni techos, así que el equipo va en el mismo espacio a tratar; conviene dejarlo funcionando de forma continua durante varias semanas; y una vez que se fueron, hay que sellar los accesos, o vuelven en la próxima temporada.
Si hay crías en la colonia, lo correcto es esperar a que puedan volar antes de iniciar el tratamiento.
Envíos a todo el país.
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