Los repelentes de roedores permiten alejar ratas y ratones sin veneno, lo que resuelve el mayor inconveniente de los raticidas: el animal muere en un lugar inaccesible y el olor persiste durante semanas. También elimina el riesgo de intoxicación para mascotas y chicos.
La mayoría trabaja con ultrasonido, electromagnetismo o vibración, generando un ambiente incómodo que empuja al roedor a buscar otro lugar. Es importante entender que repelen, no matan: el resultado no es inmediato como una trampa, sino progresivo a lo largo de días.
Dos condiciones definen si funcionan. El ultrasonido no atraviesa paredes ni muebles, así que hace falta un equipo por ambiente. Y si hay comida accesible, el roedor tolera bastante incomodidad antes de irse; sin cerrar esa fuente, ningún repelente alcanza.
Para infestaciones ya establecidas, lo más efectivo suele ser combinar repelentes con trampas durante las primeras semanas.
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