Los repelentes por vibración resuelven una limitación concreta del ultrasonido: funcionan bajo tierra, donde el sonido no llega. Se clavan en el suelo y emiten pulsos vibratorios a intervalos regulares que se propagan por el terreno.
Son la opción indicada para topos, tuco-tucos y roedores que hacen túneles en jardines, huertas, canchas y parques. Estas especies son extremadamente sensibles a las vibraciones del suelo —así detectan depredadores— por lo que el estímulo les resulta suficiente para abandonar la zona.
La mayoría funciona con panel solar o pilas, sin cableado, lo que permite ubicarlos en cualquier punto del terreno.
Para que rindan, el radio de acción es lo que hay que mirar: cada estaca cubre una superficie determinada y en terrenos grandes hacen falta varias distribuidas. También conviene saber que el efecto es progresivo: los primeros resultados aparecen después de una a dos semanas de funcionamiento continuo, no de un día para el otro.
Envíos a todo el país.
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